miércoles, 4 de agosto de 2010

Entre visillos, de Carmen Martín Gaite

Cuenta la vida en una ciudad de provincias (que tiene toda la pinta de ser Salamanca) en la época de la posguerra, principalemente los problemas de las mujeres, que se tienen que ceñir a una moral muy rígida, y sobre todo hipócrita.
El libro está contado en la voz de un narrador y contiene unas partes en primera persona de dos personajes: Tali o Natalia (una joven inteligente de quince o dieciséis años que no está de acuerdo con la forma de vida que le impone su familia y que se escapa de ella en la medida de lo posible) y Pablo (un extranjero recién llegado a la ciudad para ser profesor de alemán y que, en su condición de extranjero, proporciona una visión externa de la vida en ella)
En el libro se observan las vidas y las formas de ser de un montón de personajes, por ejemplo:
Gertru: la amiga de Tali, también de dieciséis años, que deja de estudiar porque se va a casar (con un tío que es un pintas y un juerguista) y que se empieza a preocupar de los vestidos, las joyas, la presentación en sociedad, las fiestas, cómo adornar la cocina… y ése estilo de cosas que hacen que Tali se aleje de ella.
Julia: la hermana de Tali que tiene un novio al que su familia no aprueba, entre otras cosas porque no se pliega a las costumbres que se consideran correctas.
Elvira: una joven de la ciudad que se agobia con la vida de cara a la galería que tiene que llevar y se la salta cuando puede, moviéndose por círculos que se consideran “modernos” (obviamente, este “modernos” se pronuncia arrugando la nariz).
El libro avanza en orden cronológico y abarca un lapso de tiempo de menos de un año. En la historia se entremezclan los fragmentos de las experiencias de distintos personajes y consigue meternos en la intriga y crearnos las ganas de seguir leyendo para ver cómo va a evolucionar cada uno, con sus propios problemas.
El libro incluye muchos diálogos con las expresiones de la época (por ejemplo: “estar en plan” para salir con un chico) que le dan un color muy curioso, que hacen que se lea de forma muy amena y que consiguen que uno se meta en la historia.
Me ha encantado, casi me lo he leído de un tirón, lo empecé ayer, me coincidió un día en el que tuve mucho tiempo de metro, y por la noche me senté en casa a acabarlo. Tengo que leer más cosas de esta autora, que las que he leído hasta ahora nunca me han defraudado.


Leyendo:
La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera (en casa)
Pantaleón y las visitadoras, de Vargas Llosa (en el metro)

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